La magia del planeta que visita Isabel y el lado oscuro que Alejandro combate

Capítulo 46

 

               Una tarde de verano, Alejandro e Isabel paseaban a orillas del mar, él le preguntó de dónde sacaba tanta información para poder ilustrar tan sabiamente sus discursos, ella le contestó, que en el planeta que visita en sus sueños hay maestros muy sabios que le instruyen, además con la supervisión de ellos, puedo tener acceso a los televisores para estudiar la historia de la tierra, estos aparatos son pequeños, tienen la función de interceptar ondas del espacio, las descodifican y como si de una película se tratara captan la memoria de la naturaleza y la proyectan a través del espacio y del tiempo, uno se encuentra dentro de la película, pero; no la puede modificar, estos maestros me dicen que no estoy preparada para manejar esos televisores, podría entrar en sitios que no entendería nada e interpretarlos erróneamente y causarme un mal, como puedes ver, este planeta está mil veces más adelantado que nosotros en la forma de vivir, ni en sueños podríamos alcanzar tal grado de civilización, lo único que estamos logrando es destruirlo y por ende destruirnos a nosotros mismos, si lo visitaras no podrías alcanzar a describir lo maravilloso y la dicha que se siente ahí, no hay manera de definir lo limpio y transparente que es por donde camines, se respira aire puro, las montañas se funden con el cielo, es posible comunicarse con las plantas telepáticamente, crear arte en el espacio, por ejemplo en una pintura atmosférica puedes penetrar y ser parte de ella, los objetos parecen tener vida, hablando en términos religiosos, puedo decir que ese planeta es de ángeles, en cambio, el nuestro es de demonios, si esto se lo digo a una persona normal, corriente, seguro que se molestaría, ya que no aceptaría que se le llame demonio, el ego se siente herido y no está dispuesto a aceptar esos términos, siendo en el fondo de esa naturaleza. Si te digo a ti esto, es porque tú los conoces, cada noche tienes que enfrentarte a ellos, después que me liberes, vendrás conmigo a visitar ese planeta, Alejandro sonriente miró a los ojos de Isabel, sus miradas se fundieron como dos gotas de agua, podían desnudar sus almas y sentir el fuego sagrado del amor, se sentaron sobre una roca y contemplaban al Astro rey en el horizonte, de pronto con el reflejo del sol en el agua vieron emerger pequeñas criaturas de cuerpos etéreos, cristalinos, adquirían distintas formas, jugueteaban entre las olas, saludaban a Alejandro e Isabel para luego desaparecer por arte de magia. Ella le decía que esas criaturas le están reclamando, que se sienten amenazadas por tanta basura que vierte en el mar, él le explicaba, que esas criaturas son los principios inteligentes que dirigen las leyes de la naturaleza, también intervienen en la cristalización de las moléculas de agua y a través de unas diminutas plantas llamadas plancton, liberan oxígeno a la atmósfera, las criaturas que habitan el fondo del océano corren un gran peligro con tanta contaminación, por lo que Nereida me pidió que te liberara  para que volvieras  a ocupar tu trono como reina del mar, ahora me explico decía Isabel, con razón ella intercedió ante el juez de la vida para que no murieras a consecuencia del accidente que tuvimos y me recomendó que te cuidara como a mi propia vida, ¿cómo evitar que las grandes empresas sigan contaminando el ambiente? Le preguntó y él contestó que la gente no comprara nada de lo que ellos producen, así se verían obligados a utilizar los rayos solares y otras fuentes de energía. Una vez más se miraron a los ojos sabían que no debían bajar la guardia, que han de poner al máximo sus esfuerzos y conocimientos al servicio de sus semejantes aun sabiendo que se ganarían muchos enemigos y tendrían que estar preparados para ello.

 

               Finalizandola tarde regresaron al apartamento, ella se puso con la tarea de responder a los correos que llegaron de la Fundación y de la nueva empresa, del mismo modo, leía los comentarios que la gente escribía en las redes sociales sobre el problema de la crisis, la mayoría le apoyaban y algunas asociaciones le pedían que se reunieran para ahondar más en el tema, por su parte Alejandro preparaba temas y preguntas para las clases de ayudante que impartía en la Universidad, esa noche en otra dimensión dentro su cuerpo astral, trajinaba por la orilla del río dentro del interior de la montaña, observaba cómo el agua a medida que avanzaba cambiaba de color, río abajo era más espesa e incandescente, abriéndose paso entre las rocas, no divisaba a ninguna criatura a su alrededor, sabía que en cualquier momento tendría sorpresas, en cada paso que daba, sentía un aire frío que inundaba su cuerpo, buscaba una salida para continuar ascendiendo la montaña, pero antes tenía que cerciorarse, que ninguna bestia estuviera escondida en algún hueco, después de caminar durante varias horas, encontró un montículo lleno de piedras, al explorar el lugar descubrió una pequeña cueva, se dispuso a entrar, en el instante que iba a dar el primer paso escuchó unos ruidos que venían de adentro, enseguida se escondió detrás las rocas, vio salir a un horripilante animal con apariencia humana y sin ser visto la siguió hasta la orilla del río, cuando se aproximó más, sin darse cuenta pisó una rama seca, al escuchar el ruido la bestia se dio la vuelta y se abalanzó para atacarle, al verse doblegada por la fuerza de su adversario decidió escapar, sin pérdida de tiempo Alejandro empuñó el arco y lanzó la flecha atravesándole el pulmón, esta cayó agonizante al suelo, una vez muerta le prendió fuego, más tarde de entre los residuos cogió la perla de oro y realizó la limpieza para que no quedara rastro alguno.


               Luego prosiguió inspeccionando cada agujero de la cueva para que no quedara bestia alguna, escaló una de las rocas más altas, en la cima había muchos huevos en un nido hecho por ramas secas, le prendió fuego, haciendo su aparición por el aire la progenitora, tenía alas enormes, cola y garras afiladas, al percatarse de su presencia se escondió detrás de las piedras, el animal sofocó el fuego con sus alas y puso a salvo a sus descendientes, él no aguantaba el olor circundante, le provocaba sueño, sabía que si se dormía sería presa fácil, entonces sacó las perlas doradas, las frotó consiguiendo neutralizar tales hondas hipnóticas, de inmediato hizo un plan para atacarla, mientras esta iba por más ramas secas para reconstruir su hábitat, Alejandro frotaba las perlas con la finalidad de convertirlas en huevos idénticos a los del nido, al conseguirlo los cambiaba y estas las arrojaba por el precipicio llegando a romperse al impactar con el suelo, cuando todos los huevos fueron reemplazados y la bestia se sentó encima de estos, al poco tiempo por acción del calor, desencadenaron una fuerte descarga eléctrica dejándola calcinada, Alejandro recogió las perlas doradas incluyendo las del animal, bajó de las rocas y prendió fuego al montón de ramas secas donde cayeron los huevos, buscó más criaturas animalescas, tenía que exterminarlas por completo y continuar el camino ascendente de la montaña.   

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Dejen que escriba mi historia con mi propia sangre

Capítulo 26

               Entró Ramón a su casa, al ver a Isabel platicar con su madre se puso nervioso, sabía que su hija le esperaba para pedirle explicaciones sobre las decisiones que tomó respecto a ella sin su consentimiento, con mucha serenidad disimuló, sonrió y la abrazó diciéndole bienvenida a casa, ella no dejó que pasara el tiempo y arremetió preguntando por qué la engañó mandándole a Miami para quedarse, él le aseguró que quería darle una sorpresa, era un regalo que lo tenía guardado para que pudiera estudiar en el extranjero y prepararse mejor que en este país, gracias por tus deseos, pero detrás de estas había algo más, ¡no es así papá! exclamó Isabel, Ramón al verse descubierto de sus verdaderas intenciones, argumentó que lo hacía por su bien, que se merecía un mejor novio, a lo cual ella respondió, que no era ninguna niña para no darse cuenta qué es lo que quiere en esta vida, es cierto que uno puede equivocarse, al menos déjenme equivocarme para que pueda aprender y enmendar mis errores, solo así podré crecer en conocimiento a través de las vivencias, dejen que escriba mi historia con mi propia sangre, eso hará que me haga más humana, puedo escuchar los consejos que quieras darme, pero no tomes decisiones que no te pertenecen, en lugar de ayudarme a crecer, lo único que conseguirás es obstaculizar mi desarrollo como persona, Ramón quedó contrariado porque no alcanzaba a comprender el verdadero significado de sus palabras, muy molesto se retiró a su alcoba, su madre le decía, que no se preocupara, que tratará de convencerlo para que aceptara su relación con Alejandro, dicho esto se dieron las buenas noches y se retiraron a sus alcobas.

               Inés no sabía cómo abordar el tema con Ramón, hasta que se le ocurrió preguntarle si es feliz con la vida que lleva, él le contestó, qué más puedo pedir, si dispongo de todo para estar dichoso y contento, una buena empresa, una esposa que me obedece, salimos de viajes, podemos comprar lo que se nos antoje, somos la envidia de este pueblo, a lo cual ella le objetó diciendo, que para él la felicidad se puede comprar con dinero, entonces la gente pobre no tiene derecho a la felicidad, con la voz firme y un poco subida de tono continuó diciendo, mírame bien, llevo en mi cuerpo joyas de gran valor, vestidos de una marca muy prestigiosa, tengo abundante comida, vivo en el chalet más grande y hermoso de toda le región, en cambio, no soy feliz, me siento prisionera entre estas paredes, muchas veces he tenido ganas de salir corriendo, si no lo hice, es porque veía a Isabel siendo niña jugar entre las flores, sus sonrisas alegraban mi alma, ahora cuando ella me habla de Alejandro y de todo lo que hacen por los niños de la calle, veo brillar sus ojos, su rostro se ilumina, la felicidad no entiende de riquezas ni pobrezas, está ahí y no sabemos verla, Ramón haciendo caso omiso a lo que le decía su esposa, se metió a la cama y se tapó completamente con la sábana como si no quisiera oírla más, no aceptaba que nadie le dijera ciertas verdades, estaba encerrado en sus propias creencias, no quería mirar más allá de sus narices, Inés se armó de valor, se acercó más y le descubrió la cara y siguió diciéndole, para qué te sirve el dinero, para comprar a políticos, mantener a tus amantes, pagar a las damas de compañía en tus viajes de negocios, al menos recuerdas si en algún momento has sentido compasión por esa gente que no tienen un pedazo de pan para llevarse a la boca, vivimos ciegos ante esta realidad, gracias a ellos me di cuenta, que llevaba una vida llena de hipocresía, en lugar de gastarme el dinero en ropa costosa, en joyas, en peluquerías, en cremas para las arrugas, que solo inflan más mi vanidad, debería dedicar mi tiempo en ayudar a la gente más necesitada, si todos los ricos de la tierra hicieran lo mismo, esta sociedad sería distinta, con salud y una buena educación no solo en lo profesional, sino también en lo humano, la vida en la tierra estaría llena de paz y de progreso, todos saldríamos ganando, justamente eso es lo que quieren Isabel y Alejandro, esos dos han nacido el uno para el otro y tú te opones a esa relación, por una sola vez en tu vida, reflexiona y pregúntate que es lo mejor para tu hija, dicho esto, él le pidió que se acostara, que era muy tarde y tenía que madrugar, nuevamente eludía la conversación, puesto que sus razonamientos se hallaban enfrascados solo en números, cuentas bancarias y beneficios que podría recibir de su fábrica, no tenía cabeza para nada más.

             Por la mañana, después que Ramón se marchó a su oficina, Inés le comentó a su hija, que hizo todo lo posible para que su papá entrara en razón y aceptara su relación con Alejandro y aceptó madre, preguntó ella, no sé si aceptará, porque mientras hablaba me dio la sensación que me encontraba sola entre las cuatro paredes, tu padre no pronunció nada, ya sabes cómo es él, terco, no quiere escuchar lo que no le conviene, espero que se le ilumine la mente y acepte que te cases con Alejandro, gracias mamá por intentarlo, ahora le llamaré para verme con él en la Fundación.

                A la hora de la cita ambos asistieron al mismo tiempo, eran las diez y treinta de la mañana, los niños saltaban de alegría, levantaban los brazos para que los cogieran, jugaron un rato y enseguida se pusieron a hacer dibujos, a medio día almorzaron juntos con Alejandro e Isabel, quienes posteriormente se lo pasaron haciendo cuentas, también conversaban con ellos para conocer sus inquietudes y necesidades, al finalizar la tarde, salieron a dar un paseo por la avenida principal, en el parque se sentaron en un banco y recordaron las citas que tuvieron para planificar de la mejor manera la forma de ayudar a los niños de la calle, que ahora se encuentran protegidos gracias a la Fundación, era muy reconfortante para ambos estar nuevamente en ese lugar, ella le comentó sobre la mujer que quería hablarla urgentemente, le pidió que le acompañara, que ella vivía en el pueblo donde fueron víctimas del accidente, él aceptó y además le sugirió que el resto de tiempo lo aprovecharían para visitar a Raquel y su familia, me parece bien dijo ella, tengo ganas de volver a ver a Sofía, no te olvides de venir mañana para que hables con mi papá, tienes que estar temprano, porque él sale de viaje a las diez de la mañana, está bien estaré sin falta a las ocho, luego de acompañarla a su casa, se dirigió a la suya.

Compromiso de boda

Capítulo 22

 

               Transcurrieron cinco meses, Isabel cumplía dieciocho años y no dejó que pasara ni un segundo más, llamó a Alejandro para decirle que ya tenía confirmado el vuelo de regreso, le dio todos los datos para que fuera al aeropuerto  a esperarla. Durante esos cinco meses, él había asistido a la facultad de medicina, estaba a punto de concluir el primer semestre, ese día salió un poco más temprano de la Universidad para ir a su encuentro, a la hora y media de haber llegado, aterrizaba el avión, veinte minutos después ambos se fundían en un abrazo, él le decía que nada ni nadie les volverá a separar y aprovechó de pedirle matrimonio, lo que más quiero en este mundo es ser tu esposa, trabajaremos y estudiaremos añadió Alejandro, ella le manifestó que vivirá con su tía mientras resuelven dónde habitarán estando casados, a continuación se dirigieron a su casa donde le presentó a él diciéndole que es su prometido y que muy pronto piensan casarse, Mercedes al ver su vestimenta, se dio cuenta por qué actuó de esa manera su hermano y les aconsejó que deberían tomarse con más calma sin precipitarse, que el matrimonio es un asunto muy serio, a lo cual ella respondió que en Alejandro se veía ella misma, hay una fuerza que nos une, puesto que tenemos los mismos sentimientos y los mismos ideales por conquistar, él añadió, que si don Ramón cree que estoy con su hija por su fortuna, muy bien puede desheredarla, porque nuestro único tesoro es la felicidad y esta no se compra con dinero. Mercedes conmovida por lo que escuchaba, les ofreció su ayuda, que contaran con ella para lo que fuera, que es muy bonito ver a una pareja que defiendan su amor a capa y espada, luego les preparó una tortilla para que comieran, siguieron platicando unas horas más, él debía marcharse, tenía que terminar de hacer  unas tareas sobre osteología. Por la noche Isabel llamó a su casa para avisarles, que estaba en la capital donde su tía, contestó su madre al teléfono, se saludaron y ella le preguntó por qué la había dejado en Miami y regresó sin avisarle, esta le respondió que solo se limitó a obedecer lo que su padre le encomendó, pero será mejor que hablemos de esto personalmente en cuanto vengas a casa, ella le anticipó que no piensa volver, que está muy molesta de lo sucedido, entonces Inés decidió viajar al día siguiente.


               Una vez en la capital le decía a su hija, que su padre solo desea lo mejor para ella, a lo cual preguntó, ¿qué es lo mejor para mí?, tu bienestar contestó su madre y que te cases con un hombre de tus mismas condiciones sociales, así podrás exigir todas las comodidades a las que estás acostumbrada a vivir, ¿aunque no seas feliz? replicó ella, Inés sin saber que contestar, comenzó a explicarle que ella todavía no tenía la edad suficiente ni la experiencia para entender muchas cosas, siendo jóvenes lo que soñamos es muy distinto a la realidad, Isabel respondió que no es tan diferente, lo que pasa es que los mayores dejan de soñar y hacen que la realidad sea contraria a los sueños de su juventud, así es cómo truncan sus ideales, dime mamá ¿eres feliz con mi padre?, Inés nuevamente no supo que responder, al darse cuenta, que su hija ya no era una niña y que había madurado lo suficiente, la tomó de las manos y se sinceró con ella diciéndole, no sé en qué momento has crecido y estás segura de ti misma, me alegro mucho por ti, sabes lo que quieres y estás dispuesta a luchar por lo tuyo, en cambio, yo fui cobarde, solo obedecí las órdenes de mis padres, me decían que tu papá era el mejor partido para casarme, ahora te confieso que vivo en una jaula de oro, no puedo tomar decisiones por mí misma, y te diré que no soy feliz con la vida que llevo, madre nunca es tarde para alcanzar la felicidad, no hay que buscarla por fuera, ningún hombre o ninguna mujer por muy buenos que parezcan podrán darnos felicidad, porque tendrán su lado oscuro que puede amargarnos la vida, la felicidad hay que construirla día a día en nuestro mundo interior, con conocimiento, haciéndonos más humanos, las cosas malas que nos pasan son por culpa de nuestra ignorancia, Inés acarició las mejillas de Isabel diciéndole, gracias hija, tus palabras me reconfortan, estaré a tu lado apoyándote, pero considero  que es temprano para que te cases, deberías esperar terminar la carrera que has elegido seguir, si madre, pero mi corazón me dice que tengo que estar a su lado, juntos saldremos adelante, trabajaremos y estudiaremos si es necesario, su madre al ver que tal decisión estaba decidida, le ofreció su ayuda económica, que abriera una cuenta en el banco, que le depositaría mensualmente una determinada cantidad de dinero, lo suficiente para que pudiera alquilar un apartamento y otros gastos adicionales, ella se lo agradeció, además le prometió que le avisaría apenas decidan la fecha de su boda, esta le aconsejó que él fuera a ver a tu padre para pedirle tu mano, aunque se negara, así habrás cumplido con nuestras tradiciones, está bien mamá contestó. Al poco rato llegó Alejandro, quería conocer más de cerca a la madre de su prometida, se puso a conversar con ella, Inés le preguntaba a él, ¿en qué momento se había enamorado de su hija?, desde que era un niño supe que ella ocuparía un lugar importante en mi corazón, ¿y tú, hija?, no sé exactamente, creo que hace poco, te acuerdas que te pedí me ayudaras para alimentar a los niños de la calle, ella contestó que sí, que no era capaz de hacer nada sin la autorización de Ramón, bueno dijo Isabel, desde ese día pensé en Alejandro, sabía que era el único que podía hacer algo por esos niños y logramos crear una fundación con la ayuda de algunas empresas que colaboran económicamente, todavía no puedo creer que mi padre se haya negado cuando se lo pedí. El trabajo que hemos realizado con la fundación es lo que nos ha unido más y eso es lo que nos hace felices, Inés se puso contenta de todo lo que decían, ahora estaba más tranquila porque veía que ambos irradiaban felicidad, les invitó a almorzar en un restaurante cercano a la casa de Mercedes.

 

Cárcel psicológica

Capítulo 9

 

 

               Alithor, estaba pendiente de Isabel, podía captar sus pensamientos y era el encargado de instruirla en el arte de vivir y no tendría mucho trabajo porque ella era una persona con muchas ganas de investigar todo lo relacionado con la naturaleza. Se preguntaba por qué los habitantes de la tierra sufren, por qué son violentos, si se puede vivir en paz y ser felices, sabía muy bien que primero debía crecer como persona, desarrollar todas sus capacidades cognitivas y afectivas para luego transmitirlas a sus semejantes, lo qué ignoraba era los obstáculos que encontraría en su camino y aun peor, que el mundo entero se le vendría encima, puesto que a nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer, están conformes con su estilo de vida, tienen pereza de reflexionar para hacer cualquier cambio en su forma de vivir. Alithor conocía muy bien que este trabajo requiere de muchos sacrificios, voluntad férrea y sobre todo perseverancia, entonces se propuso asistirla en cada tropiezo que tuviera, ella para lograr este objetivo, tendría que sentir amor infinito por sus semejantes, para que pueda levantarse y no abandonar el trabajo por una o más caídas, por eso Alithor le decía que si la fe mueve montañas, con amor moverás el Universo.

               Isabel percibía un gran regocijo en su corazón, con esta experiencia que acababa de vivir, veía como las vendas que cubren sus ojos caían una a una. A medida que comprendía el motivo de su existencia y el porqué de tantas desdichas, se daba cuenta, que todos nuestros males se deben a nuestra ignorancia y cada triunfo era desprender un eslabón de la larga cadena que la tenía aprisionada en su cárcel psicológica, se despertó con gran alegría, en la calle sentía ganas de hablar con toda la gente, cuando Alejandro pasaba por su lado, se aproximó para abrazarlo, quién correspondió pensando que era en gratitud por el trabajo que realizaba por ella en sus sueños, en el instante que chocaron sus miradas, vio en los ojos de él una gran bola de fuego, se estremeció y prosiguió su camino, su alegría se había transformado en tristeza, con esta visión entendió que el planeta Tierra agonizaba por la forma equivocada de vida que llevan sus habitantes, se preguntaba si vale la pena sacrificarse por hacer un mundo mejor, si todo se venía abajo, durante varias semanas se hacía la misma pregunta sin conseguir respuesta, hasta que un día mientras compraba frutas en el mercado, observó a unos niños cogiendo alimentos de la basura, era la primera vez que le tocaba presenciar esta escena, se sintió conmovida ante este hecho, se aproximó a ellos, les obsequió la fruta que había comprado y con lágrimas en los ojos regresó a su casa.

               A la hora de la cena Isabel no tenía apetito, pensando que afuera hay niños que pasan hambre, entonces se atrevió a decirle a su padre, que en su empresa abriera un comedor gratuito para los niños pobres del pueblo que no tienen qué comer, Ramón le contestó que no dispone de tiempo ni dinero para esas cosas, en ese momento sintió una gran decepción de su parte, se lamentaba de vivir con un papá frío, calculador, sin sentimientos, luego se dirigió a su madre y le dijo si ella podía hacer algo, la reacción de su madre fue mirarse las uñas, tocarse el pelo y salir del comedor; ante tal negativa le invadió una tristeza que le partía el alma, se refugió en su habitación tratando de encontrar una respuesta, de cómo es posible vivir con tanta indiferencia, se preguntaba ¿dónde está la grandeza del hombre, si solo hay miseria en sus corazones?, ahora comprendía que aunque todo se viniera abajo, más esfuerzos deberíamos realizar y comenzar a trabajar en nuestro propio universo interior para que sirva de faro a todo aquel que quiera tomar conciencia de su verdadera naturaleza, que no solo es un montón de carne y hueso sino también una inteligencia suprema, donde su verdadera riqueza es la felicidad.

Nuestra verdadera naturaleza

Capítulo 7

 

               Alejandro, su padre y su hermano José, llegaban a casa con todo lo comprado, ya eran pasadas las ocho de la noche, comieron unos asados de ternera con papas y ensalada de verduras, se dieron una ducha y cada uno se metió en su cama, estaban  tan cansados, que solo les apetecía dormir. Al poco tiempo su cuerpo se adormecía, comenzó a flotar transportándose al mismo sitio a punto de salir del río, vio una sombra que se aproximaba y se detuvo justo en la orilla del río, le extendió la mano para ayudarle a salir, era Nereida, traía consigo un collar con una estrella de cinco puntas, se la puso en el cuello diciéndole que esa estrella le protegería de toda fuerza que intente impedir que llegue a la cima de la montaña y será decisivo para liberar a Isabel, entonces se sintió con más valor y prosiguió su camino, mientras que la hija del mar se fraccionaba en gotas de agua y el viento la dispersó por el aire, golpeando su rostro, ahora más que nunca con paso firme continuó la marcha.

                En su trayecto veía todo tipo de criaturas vivientes, pequeñas mariposas con cuerpo humano o pequeños cuerpos humanos con alas de mariposas, al fin eran lo mismo, a lo largo del camino pequeñas entidades en forma de seres humanos que irradiaban luz, salían y entraban en las plantas, al verlas se le ocurrió preguntarles quiénes eran, una de ellas respondió, somos Natura el que da vida a las plantas y otra añadió, elaboramos toda clase de sustancias, unas medicinales y otras alimenticias, Alejandro no salía de su asombro, en cada paso que daba, empezaba a ver la vida desde otra perspectiva, más real, con contenido, sustancial, aprendía a captar lo esencial de la vida, para qué venimos a la existencia, comprendía que tenemos que librar múltiples batallas contra nosotros mismos, que lo exterior es un espejo donde debemos mirarnos para saber de verdad quiénes somos, de qué estamos hechos, qué nos pertenece, ya que todo lo demás solo servirá para amargarnos la vida, porque es del tiempo, en cambio, nuestra verdadera naturaleza no tuvo un principio, por tanto, no tendrá un fin, así con cada aprendizaje, comprobaba que sabía menos, que la sabiduría no tiene límites, era algo mágico lo que experimentaba, era abrir de un momento a otro los ojos y darse cuenta, que vivimos ciegos, de una manera equivocada con ansias de poder que al final se convierte en nuestra propia tragedia.

El planeta que sueña Isabel

Capítulo 6

 

 

               Ramón el padre adoptivo de Isabel, recibía en su casa a un alto funcionario del gobierno, para entregarle una importante suma de dinero a cambio de recibir beneficios para su empresa, que se dedicaba a elaborar derivados lácteos, es así cómo acaparaba la venta de sus productos, ella ajena a todo esto, disfrutaba de las comodidades en medio del lujo donde habitaba. Todas las noches en sus sueños se trasladaba a un planeta fuera de nuestro sistema solar, cuyos habitantes vivían en paz y armonía, no tenían fronteras puesto que era una sola nación, tampoco usaban dinero, por tanto, no existían bancos, ni partidos políticos, no los necesitaban, elegían al más sabio en conocimiento y con mucha bondad en su corazón, a pesar de su corta edad asimilaba sus vivencias en ese planeta, al despertar se acordaba de cada detalle, cada palabra y se comunicaba con ellos porque había aprendido su lengua, su estatura media era de dos metros, podían cambiar el color de su piel o ponerla transparente como si estuvieran hechos de agua; sus viviendas eran al mismo tiempo, naves de forma esférica y ovalada como un huevo, se encontraban en cualquier sitio, en la superficie, en el aire, en el mar, dentro del mar. En sus bases interplanetarias, Isabel a veces solía ver llegar a hombrecitos de treinta centímetros y a gigantes de cinco metros de estatura. Las ciudades eran construidas con mucho arte, por doquier se apreciaban edificios que parecían esculturas en movimiento, proyectaban en el espacio como si fueran lienzos tetra dimensionales, obras de gran tamaño y de múltiples colores. Desde muy pequeños eran educados e instruidos de manera individual y especial, desarrollaban sus capacidades creativas de acuerdo con las habilidades que demostraban tener. No existían lo mío ni lo tuyo, todo era de todos y nada de nadie en particular, disponían de todo lo que  producían.

 

               Isabel se daba cuenta que los terrícolas eran para ellos como los caníbales para éstos, por ello evitaban ser vistos, caso contrario sus vidas correrían peligro, si esto ocurriera, tenían el poder y la tecnología para defenderse pero no les interesaba llegar hasta este punto porque no querían hacerles daño. La inmensa mayoría que creía en su existencia sentían miedo, pensaban que serían invadidos por ellos, si realmente fuera así, ya lo hubiesen hecho hace miles de años y no esperar que desarrollaran el armamento que poseían, esta posibilidad no se les pasó ni por la mente porque mantienen la conciencia totalmente despierta, actúan de acuerdo con la ley universal que es el amor, en cambio los terrícolas de entonces, tal como estaban jamás llegaron a conquistar otros planetas, porque esta gran ley que es sabiduría no permite que un planeta contamine a otros sus malos hábitos producto del ego, además se autodestruyeron antes porque eran unos irresponsables que utilizaron la tecnología en su contra, estos seres extraordinarios poseían una civilización millones de años más adelantado y una ciencia que ni en sueños podían imaginar, conocían todos los misterios de la genética y hacían maravillas con ella, no eran esos adefesios que les mostraban en los medios de comunicación, solo les infundían miedo para que tengan una idea distorsionada de ellos, los que tenían una fisonomía y estatura similar a éstos se encontraban vigilándoles para que ningún desequilibrado mental se le ocurriera hacer estallar una bomba de grandes magnitudes que originaría una catástrofe en todo el sistema solar, y evitar que estallara este planeta en mil pedazos como ocurrió en el pasado con el planeta que se encontraba entre Marte y Júpiter, ahora solo quedan restos orbitando alrededor del sol y se lo conoce con el nombre de cinturón de asteroides.

 

               Isabel no comentaba nada a nadie de sus sueños, porque sabía que no la entenderían, su mundo era algo único que solo ella comprendía y se decía así misma que para llegar a otros planetas, primero debemos ser profundamente espiritual, al despertar, inmediatamente hacía una retrospección de todo lo soñado y lo anotaba en su diario.

Una gran misión

Capítulo 5

 

               Cuando llegaron al pueblo y pasaban frente a la casa de Isabel, Alejandro tenía muchas ganas de verla para saber cómo se encontraba, ya que en sus sueños estaba presa en un agujero debajo de la tierra en la cima de la montaña, custodiada por miles de serpientes venenosas, motivo por el cual no podía salir ni para mirar la luz del día.

   Una vez en casa después de bañarse y alimentarse, salió con su hermano Marcos, se dirigieron al parque para reunirse con unos amigos donde había un pequeño espacio con una portería, durante el juego, el balón fue a dar al otro lado de la calle, Alejandro se apresuró a recogerlo, tuvo que sortear el paso de los automóviles para no ser atropellado, al cruzar la vía, grande fue su sorpresa de ver a Isabel con el balón en la mano dispuesta a entregárselo, en el momento de recibirlo le dijo que no se preocupara que está en camino su rescate, ella le contestó que no sabía de qué le hablaba, le dio la espalda y se alejó. él dejó de jugar, se sentó en un banco del parque y trataba de entender por qué Isabel ignoraba todo lo que le pasaba en sus sueños, puesto que era tan real como si lo viviera en carne propia, totalmente desilusionado regresó a su casa y ya no continuó con la tarea de rescatarla. Así pasó el tiempo, cumplía catorce años, sus padres le hicieron una fiesta, invitaron a sus amigos más cercanos, entre los asistentes había una dama a la que no conocía, pensaba que vino con alguno de los invitados, al aproximarse para mirarla más de cerca, sintió que el mar le abrazaba y las olas acariciaban su rostro, al situarse frente a ella vio que se evaporaba gota tras gota hasta desaparecer, se dio cuenta, que era Nereida, comprendió que debía acudir a la orilla del mar donde se encontraba con Isabel; esa misma noche, una vez que salió de su cuerpo físico, fue directamente a dicha zona, caminó por encima de las huellas que todavía estaban marcadas en la arena, se sentó en una roca y en completa tranquilidad contemplaba el ir y venir de las olas, suavemente como el murmullo de las aguas y el silbido del viento,comenzó a escuchar una voz diciéndole que Isabel corre peligro y si muere, los mares y los ríos se secarán, dicho esto Nereida emergió del mar y nuevamente le condujo al lugar que lo dejó hace dos años atrás, tenía la impresión que en el mundo de sus sueños el tiempo no ha transcurrido, el recorrido río arriba le fue fácil llegar al sitio que dejó la última vez, la corriente del agua se desplazaba con mayor fuerza, entonces volvió a la lucha más decidido, porque ahora entendía que sobre su espalda pesaba una gran misión.

               Los golpes de la corriente de agua dejaban marcas en su piel, al recorrer cinco kilómetros escuchó que más arriba arrastraba piedras de todo tamaño, para que no le arrastrasen a él también, empezó a buscar un espacio entre las rocas enormes, al tocar una de estas, se abrió un orificio y cayó por un túnel dentro de la tierra, debajo del río, cuando se levantó vio muchas entradas y salidas, no sabía qué dirección tomar, al poco rato escuchaba que alguien le decía que no temiera que solo se dejara llevar por los sentidos de sus pies, es así cómo salió mucho más arriba y prosiguió la marcha, en cada paso que daba notaba que la fuerza del agua disminuía, llegó a un sitio donde todo era tranquilidad, solo se escuchaba el respirar de la naturaleza y el suspiro de un arroyo, el camino que buscaba lo tenía enfrente,  en el momento de salir del río,  sintió que le  cogían del pie, sacó su espada y arremetió contra la mano que le arrastraba, despertó con sobresalto, vio a su hermano José que le estiraba los pies para despertarlo. Después de bañarse y desayunar en familia, salió rumbo al mercado, al pasar por la escuela, Alejandro sintió nostalgia recordando los años que asistió en su pueblo natal siendo más pequeño, en cuyas aulas aprendió a leer y escribir, ahora no asistía a clases porque ayudaba a su padre en la venta de los productos que cosechaban, también compraban otros, como hortalizas, verduras, legumbres y frutas para revenderlos, para ello viajaban por distintos pueblos cercanos, una vez en el mercado, tomó nota de los pedidos que le hacían los vendedores, al salir vio caer a una señora al suelo, corrió en su ayuda, la levantó y le dio su pañuelo para cubrirse la herida que se hizo en la frente, al mirarle a los ojos le preguntó por qué estaba triste, la señora le respondió, que la tristeza acabará con ella si no encuentra a su hija, además le decía que lloró tanto, que sus lágrimas fueron al mar, dicho esto, Raquel con mucha ternura puso su mano sobre la cabeza de Alejandro, le agradeció el gesto que tuvo con ella y se despidió con una sonrisa en los labios, luego con su padre y su hermano José se dirigieron a la parada del autobús para viajar por algunos pueblos y comprar los encargos que le habían hecho, mientras que Marcos y su madre regresaron a casa con las compras hechas.