NIÑOS DE LA CALLE

Capitulo 10

Una y otra vez Isabel pensaba en la bola de fuego que divisó en los ojos de Alejandro, igualmente recordaba que en una ocasión le vio cómo repartía frutas y verduras a unos niños en la puerta del mercado, entonces se le ocurrió que él podía ayudarle para hacer que esos niños tuvieran siempre algo que comer y no dudó en buscarlo, al día siguiente, muy temprano, antes de asistir al colegio pasó por el mercado, después de localizarlo le dijo que necesitaba hablar con él, le citó en el parque a las cinco de la tarde, él aceptó prometiéndole estar sin falta, ella con una sonrisa se despidió, Alejandro se puso contento de verla y que ella quisiera hablar con él, apenas terminó de entregar todas las frutas y verduras, regresó a casa acompañado de Marcos.

Durante el almuerzo estaba muy pensativo tratando de adivinar lo que ella quería decirle, a la hora de la cita, en el parque se sentó en un banco y a los pocos minutos apareció Isabel con un cofre en sus manos, se saludaron con un beso en la mejilla, luego de acomodarse junto a él comenzó a hablar con la cabeza inclinada, temía volver a ver la bola de fuego en los ojos de Alejandro, le contó que vio unos niños recogiendo alimentos de la basura, que ese hecho la conmovió mucho, motivo por el cual trajo sus ahorros para que se ocupara de que a esos niños no les faltaran alimentos, pero él se negó a recibirlo, diciéndole que hace lo que puede, con ese dinero si alcanza, podría servir para medicinas o para que alguien se ocupe de enseñarles a leer y escribir, necesitan los medios para que aprendan a valerse por sí mismos, ante estas palabras, ella perdió el miedo, levantó su mirada y contempló en sus ojos hermosas gaviotas volando por un cielo resplandeciente, de inmediato sintió mucha paz y ansias de libertad, se daba cuenta, que la presencia de Alejandro le transmitía confianza y a través de su mirada se veía a sí misma; como rocío acariciando los pétalos de rosas blancas que se extienden a lo largo de la pradera con bellos jardines de inmaculada pureza, desprendiendo olores de suprema fragancia, capaz de transportarnos a mágicos mundos, así en pocos segundos, experimentaba nuevas sensaciones, sabía que esta sociedad necesita transformarse y ella estaba dispuesta a luchar para sentar las bases, hacerla más humana, en igualdad de derechos y obligaciones entre todos sus ciudadanos y que esta transformación solo es posible cambiando la mentalidad de la gente, porque ahí están todos los elementos que producen nuestros males, él ajeno a los pensamientos de Isabel se levantó del banco, se aproximó al quiosco, compró dos helados y regresó a su lado ofreciéndole uno, a continuación caminaron por el parque intercambiando ideas de cómo colaborar con el bienestar de esos niños de la calle, ella le agradecía el apoyo que le brindaba y le anticipó que le buscaría cuando fuera necesario, dicho esto se dieron un beso en la mejilla y ambos retornaron a sus casas.

Alejandro era la primera vez que hablaba con Isabel y se daba cuenta de la importancia de rescatarla de la prisión donde se encontraba en sus sueños, ya que veía que se trataba de una muchacha muy especial, carismática y con un gran corazón. Esa noche, les pidió a sus padres que le matricularan en el colegio, quería prepararse porque intuía que con ella tenía que cumplir una gran misión, desde entonces sus encuentros eran más frecuentes, se ocupaban de la alimentación de los niños de la calle, como también de que algún médico velara por la salud de estos. De la educación era él mismo quien les daba clases en una casa abandonada, sobre todo lo que aprendía en el colegio, por las noches mientras dormía, en sus sueños proseguía con el viaje hacia la montaña, en cada pueblo que llegaba recibía instrucciones de cómo educar su cuerpo y conocer a fondo su mundo psicológico, sabía que tenía que realizar grandes transformaciones en su interior, porque en el ascenso a la montaña tropezaría con grandes obstáculos que le impedirían continuar con el rescate. Así transcurrieron los años, él cumplía veinte años y se graduaba como bachiller; al mismo tiempo, Isabel también obtenía el título, ambos fueron agasajados por sus padres puesto que terminaban una etapa importante en sus vidas.

Anuncios