Alejandro se gradúa como médico y continúa luchando con las bestias que adoptan apariencia humana

Capítulo 49

               En la Universidad Alejandro realizaba sus últimos exámenes para terminar la carrera, a Isabel le faltaba un semestre, pero ya era experta en manejar las leyes, en hacer justicia basándose en la misericordia, en una de sus conferencias en un instituto de educación superior de Ciencias Humanas, decía que ninguna ley debe aplicarse a la letra muerta, si se infringe una de estas, tienen que estudiarse las causas que motivaron al implicado a cometer tal delito, la sociedad es la culpable que exista la delincuencia, los pobres de los barrios marginados al no tener qué comer salen a las calles a robar, a veces con consecuencias trágicas, no lo hacen por gusto sino porque no consiguen trabajo o no están debidamente capacitados para ello, si la sociedad se preocupara de estas personas en darles salud, educación, otro gallo cantaría, muchos de ellos después del primer robo, son encerrados en las cárceles y de allí salen profesionales del delito, se hace urgente convertir a las instituciones penitenciarias en verdaderos centros de capacitación en el ámbito laboral, equipados de diversos talleres, donde psicólogos, sociólogos deberían motivar al cambio, las cárceles generan gasto al estado porque no producen, las cárceles podrían construirse en los campos con grandes extensiones de tierra para el cultivo, instalación de granjas, así resolveríamos el problema de la delincuencia, Isabel era recibida con mucho agrado al lugar que iba, con su talento, su capacidad de análisis, con sentido común, con lógica y sobre todo con humanidad, motivaba a los que la escuchaban.

               Llegó el día de la graduación de Alejandro, le acompañaban su padre, su madre, sus hermanos, Isabel y Mercedes con sus dos hijos, después de la ceremonia entraron a un restaurante y compartieron momentos alegres, a las dos semanas defendía su tesis con gran éxito, recibiendo su diploma que le permitía trabajar, a la mañana siguiente viajaron a su pueblo. En la Fundación y en la empresa le felicitaban por haber culminado su carrera, quien sin pérdida de tiempo compró el maletín y los complementos necesarios para ejercer su profesión y como en los tiempos antiguos visitaba a las familias de los trabajadores de la empresa, les instruía la manera de tratar quemaduras, ahogamiento, ataques cardíacos, asimismo les enseñaba alimentarse sanamente, que una dieta equilibrada hace más milagros que las medicinas, que es mil veces mejor prevenir que curar, por este trabajo Alejandro no cobraba porque disponía de los productos que fabricaba y elaboraba la empresa, incluso le estaban construyendo su vivienda. 

               Por la noche en sus sueños, notó que su espada había cambiado de forma y de tamaño, ahora era más larga, tenía que luchar contra las bestias cuerpo a cuerpo, estas tomaban formas de honorables caballeros parecían ser muy pacíficos, él pensaba qué táctica utilizaría para provocarlos, una de ellas adquirió la apariencia de un santo, vestía muy humildemente, llevaba el cetro de la sabiduría en su mano izquierda, decía que era la reencarnación del Buda, le hablaba de sus virtudes, que él era el llamado a establecer la paz en el mundo, Alejandro le trató de mentiroso, de oportunista, solo estás buscando que te veneren, quieres subirte a los altares y que te adoren, el aparente santo enfurecido convirtió su cetro en espada y le atacó, quien sacó la suya y se puso a la defensiva, entablaron un largo combate como si se tratara de dos expertos espadachines, al final Alejandro logró vencerlo, clavándole la espada en su cuerpo, cuando se retorcía en el suelo se fue convirtiendo en el animal que era, luego le remató con la flecha envenenada hasta darle muerte, de esta forma, continuó batallando con estas horripilantes criaturas, primero les contradecía para enfurecerlas; y de esta manera, entablaba el duelo a muerte, mientras meditaba para conocer más a fondo la naturaleza de estas bestias, llegó la hora de levantarse de la cama, tenía que asistir con Isabel a la Fundación.

Anuncios