ALEJANDRO LIBERA A ISABEL Y ES CORONADA COMO REINA DEL MAR

Capítulo 56

               Se instalaron en casa de Martín, por la noche después que se acostaron. Alejandro se trasladó a la cueva, se sentó al borde de las gradas esperado que retornara el anciano, presentía que le engañaba, tenía que  estar atento para no caer en la trampa, este volvió diciéndole que le siguiera, bajaron por las escaleras a otro salón lujosamente decorado, atravesaron varias puertas llegando al recinto de su majestad, se encontraba en su trono rodeado de bellas mujeres, parecían ninfas salidas del Olimpo, en el trayecto observó a muchos guardias fuertemente armados; se daba cuenta, que estaba en la boca del lobo, a punto de ser devorado. El rey le dio la bienvenida, ordenó que tocaran el arpa y las bellas doncellas bailaran, con movimientos eróticos se acercaron a Alejandro con la intención de seducirlo, este le invitó que tomara las mujeres que quisiera y él contestó que no entraría en su juego, le exigió que las retirara, entonces comenzó a sentir ondas hipnóticas que le producían sueño, inmediatamente se puso a frotar una de las perlas de oro para interceptar y anular los efectos de dichas ondas, dio un paso al frente y le replicó que no había venido para que le hicieran una fiesta, sino para saber que trato quiere hacer para liberar a Isabel, el rey con un gesto de ira se levantó y le propuso, si quieres que la liberemos, deberás entregarnos todas las perlas doradas que tienes y regreses por dónde has venido, eso jamás respondió Alejandro porque sabía que estaría firmando su derrota y que no la liberarían, ante esta negativa, este exclamó, ¡atente a las consecuencias!, se retiró por una de las puertas seguido por sus hermosas damas, en el momento de seguirle, dos guardias se interpusieron en su camino, él desenvainó su espada y arremetió contra ellos hiriéndole a uno, este se convirtió en un murciélago gigante, Alejandro sacó una perla dorada, la frotó produciendo rayos de luz, una vez iluminado el salón, el murciélago cayó fulminado al suelo, continuó el combate con el otro guardia, después del ir y venir de las espadas, logró doblegarlo y clavarle la suya a la altura del pecho, convirtiéndose esta al caer en una horripilante bestia; de la misma manera, luchó con el resto de los guardias dándoles muerte, se fue en busca de su adversario, recorrió largos pasillos, subía y bajaba escaleras, entraba y salía por los salones, al ver que no aparecía, activó su sentido de la clarividencia, le vio en una habitación al fondo de la cueva, se aproximó sigilosamente y cuando entró, le encontró fuertemente armado hasta los dientes, quien en tono amenazante le decía que ha llegado la hora de saber quién es el amo, tendrás que arrodillarte ante mí, ordenó a sus mujeres que fueran por él, a medida que se aproximaban se transformaban en distintas formas animalescas, sacó varias perlas doradas, las frotó consiguiendo un campo electromagnético a su alrededor, las bestias al quererlo coger se electrocutaban, el rey comenzó a adquirir su apariencia natural, era un monstruo gigante, muy peludo de color negro, él trataba de mantener distancia porque si le cogía podría aplastarle con sus manos, sus poderes eran temibles, adquiría la forma que quisiera, le lanzaba bolas de fuego y un sin fin de conjuros, en el instante que la protección electromagnética dejó de actuar, una de estas golpeó su hombro derecho, logrando que soltara la espada y se desplazara a varios metros de él, la bestia se aproximó para aplastarlo con su enorme cuerpo, el anciano salió de su escondite, tomó la espada y la deslizó por el suelo hasta donde se situaba Alejandro, quien la cogió y se la clavó en el pecho al horripilante animal que caía encima de él, rápidamente dio varias volteretas para ponerse a salvo, el anciano se acercó y le dijo que le siguiera, después de atravesar varios salones y subir escalas entraron a la prisión de Isabel, tenía los pies y las manos encadenadas y la boca cubierta con cinta, se aproximó para quitársela, ella le hacía señas con los ojos, en ese momento sintió un golpe en la cabeza cayendo al suelo desmayado, el anciano cogió su cuerpo, le encadenó colocándole la cinta para que no pudiera hablar, cuando volvió en sí, este le advirtió que ahora él es el nuevo amo, cogió las perlas doradas y salió de la cueva.

               Bueno, tengo hambre le dijo el abuelo al pequeño Alejandro, vamos a comer, en el trayecto a la cabaña que se hallaba frente al mar, él le decía que no estaba contento con lo que les había pasado a sus tatarabuelos, ¿de qué le sirvió a Alejandro arriesgar su vida para quedar prisionero junto a Isabel?, espera le contestó, que todavía me quedan más capítulos por leer, después de comer regresaron a orillas del mar, se sentaron en una roca y continuó con la lectura, el anciano retornó a la cueva, quería la espada de Alejandro, al cogerlo tropezó cayendo al suelo, la espada le atravesó el muslo de una de sus piernas, causándole una herida y empezó a sangrar, al dirigirse a la puerta,  sintió una fuerza extraña que venía del pecho de Alejandro, se dio la vuelta, se acercó y al quitarle la camisa, vio la estrella de cinco puntas, este no resistió el poder mágico que irradiaba, cayó inconsciente justo a los pies de Alejandro, quien aprovechó para coger las llaves y abrir los grilletes que sostenían las muñecas de sus manos y de sus pies; de igual manera, liberó a Isabel, se quitaron las cintas de la boca, cuando se dieron la vuelta, el anciano desapareció, siguieron las huellas de sangre que dejaba en su recorrido, llegaron al lugar donde se perdía el rastro, él miraba a su alrededor por si existiera alguna otra pista, por medio de uno de los espejos le vio justo en la mitad del salón, se dio cuenta de que se había hecho invisible, a medida que este se le acercaba adquiría la forma de una bestia para poder atacarlo, estando a escasos metros, Alejandro a través del espejo calculó la distancia y con un giro en el aire asestó la espada en el cuello de la bestia, esta cayó al suelo haciéndose visible, necesitaban las perlas doradas para desintegrarla, buscaron por diversos sitios hasta que las hallaron en una caja a la entrada de una habitación, por la ventana vieron en el interior varias incubadoras, le pidió a Isabel que aguardara, entró y los huevos los estrelló contra la pared, recogió las preciadas perlas y al salir, se sentía afectado por el olor nauseabundo que circundaba el ambiente y sin poder resistirlo cayó al suelo perdiendo el conocimiento, ella trataba que volviera en sí, al no conseguirlo abrió los ojos de Alejandro, miró en su interior y vio que se encontraba a salvo, que ha concluido su trabajo, también le avisaba, que debían salir de inmediato porque la montaña iba a estallar en mil pedazos, sin pérdida de tiempo logró que él despertara, se levantó y se dirigieron a la estancia del anciano muerto, lo desintegraron, liberando la perla dorada y regresaron a la cueva donde ella estuvo prisionera, sabían que la salida al exterior se ubicaba justo en el techo, colocaron una escalera, en el momento de subir, cientos de víboras se lo impedían, enseguida Alejandro frotó una perla dorada, convirtiéndola en una enorme serpiente que se devoraba a todas estas, cuando salieron vieron a Nereida y a Alithor que les aguardaban en una carroza tirada por unos caballos alados de color blanco, caminaron deprisa llegando al carruaje, se acomodaron en el asiento trasero y los caballos comenzaron a galopar, una vez que levantaron vuelo, la montaña explotaba en mil pedazos.

               Después de un largo viaje, la diligencia se detuvo, bajaron sus ocupantes, Isabel se aproximó más a la orilla del mar, las olas en la arena acariciaban sus pies, desde que se sumergieron las criaturas les saludaban, al aproximarse  a unas rocas  estas se abrieron,  en su interior cientos de personas esperaban su entrada, quienes acudieron de distintos lugares de nuestro sistema solar para presenciar el acto de coronación. La ceremonia fue solemne, se escuchó un coro al unísono de las olas, cuya sinfonía era el palpitar del Universo, acto seguido, el padre de Nereida colocaba la corona en la cabeza de Isabel, los asistentes se pusieron de pie, le aplaudían como reina del mar. El abuelo dejó de leer, cogió la mano de su nieto y volvieron a la cabaña, cada cual se metió en su cama y se dieron las buenas noches.

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