ALEJANDRO COMBATE CON LAS BESTIAS EN UN SEGUNDO NIVEL DE LA MONTAÑA

Capítulo 37

               Alejandro por la noche fuera de su cuerpo físico, continuaba observando a través del espejo los movimientos de las bestias, sentía que ya era hora de afrontar a esas horripilantes fieras, una por una, cuando dio el primer paso hacia el interior, sintió que le cogían con mucha fuerza hasta que traspasó la barrera cayendo al suelo, al levantarse escuchó un ruido estrepitoso y vio entre la espesa neblina, una enorme sombra que se le venía encima para aplastarle, de inmediato dio varias volteretas esquivando el golpe, después que la neblina se disipó Alejandro pudo ver a un monstruo del tamaño de un elefante, poseía dos cabezas con un ojo en cada una, seis manos, tres patas y una cola enorme como la de un dinosaurio, puso sus cinco sentidos en estado permanente de alerta, atento a los movimientos que ocurría a su alrededor, cualquier distracción sería fatal, había peligro por donde iba, sabía que no podía enfrentarse directamente a la bestia, tenía que hacer un plan para tenderle una trampa porque al enemigo hay que derrotarlo con su propia fuerza, alcanzó a esconderse  entre las rocas,  le seguía sin ser visto, la cueva era inmensamente grande como la de un paisaje con techo, existían árboles y arbustos, colinas, precipicios, pequeñas lagunas con peces ciegos, ríos de agua turbia y maloliente, Alejandro notó que el monstruo al que seguía siempre arrancaba ramas de un árbol, primero las olía para luego tragárselas, al ver esto se le ocurrió un plan, subió a una de las rocas y esperó pacientemente que pasara la bestia, al poco rato hizo su aparición y con leves ruidos logró que se aproximara, desde cierta distancia empuñó el arco y disparó la flecha directamente al ojo dando en el blanco, mientras se retorcía de dolor, aprovechó para dispararle otra flecha al otro ojo, pero esta la cogió con una de sus manos y lo lanzó hiriéndole en el hombro derecho, él de inmediato se lo sacó y refugiándose entre un montón de piedras cogió de la bolsa una de las perlas preciosas doradas, la puso arriba su herida consiguiendo curarla. Nuevamente se ubicó estratégicamente a la espera de la bestia, en el instante que se acercó, le acertó darle con la flecha en el ojo sano, ahora completamente ciega, se tropezaba en cada paso que daba, enfurecida golpeaba lo que encontraba en su trayecto, él se apresuró en arrancar varias ramas del árbol que tragaba y haciéndole oler la condujo al borde del precipicio, las colocó delante de su rostro, esta al cogerlas dio un paso al vacío cayendo al fondo y estrellarse en el suelo, Alejandro bajó para recuperar la preciada perla de oro.

               Caminó varios kilómetros en busca de un lugar para descansar, trepó a lo más alto de un árbol y se acomodó en uno de sus troncos, con el fin de estar a salvo de otras bestias, en el momento que el sueño le vencía, esta comenzó a moverse, sus ramas como látigos zumbaban cerca de su cuerpo, desenvainó su espada y empezó a cortarlas, el combate se prolongó por mucho tiempo hasta que le atravesó la médula con su espada hiriéndole de muerte, rápidamente bajó a tierra firme deslizándose por uno de los tallos, el árbol no era un árbol, era un animal en forma de árbol, dio unos cuantos pasos y se desplomó, comprendió que no podía quedarse dormido, que el peligro acechaba por todas partes. Isabel en el planeta que visitaba, se situó frente al telescopio, lo dirigió al planeta tierra, solo veía nubes espesas negras que la envolvía, en nueve zonas observaba fuentes de luz, unas más intensas que otras, activó el zum para aproximarse más, en una de ellas vio a Alejandro, apenas le reconocía, la luz que le alumbraba era todavía débil, provenían de las esferas brillantes que había acumulado, ella respiró profundo, puso su mano derecha sobre su corazón, se sentía feliz porque él se iba convirtiendo en una antorcha de fuego, en un ser iluminado, al día siguiente al despertarse, se ducharon, hicieron unos cuantos ejercicios físicos y pasaron a la mesa para servirse jugo de naranja, una taza con leche, pan con mantequilla y dos huevos cocidos cada uno.

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